“Una forma de vivir”

En marzo pasado, a los 87 años, falleció Carlos Guerrero, quien fue presidente de Angus, en los períodos 1978-1980, 1980-1982 y 1982-1984, y bisnieto del introductor de la raza en el país (*). Su nieto, Carlos “Pepe” Pestalardo, escribió esta nota para nuestra revista.

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Nos toca despedir a Don Carlos Guerrero (*), para algunas, padre, para otros, abuelo, para otros un verdadero amigo, para otros que con orgullo le decían Señor …

Si hay algo que nos dejó, fue una forma de vivir.

Nos enseñó con el ejemplo valores que hoy están en cada uno de nosotros: la pasión, el trabajo, el esfuerzo, el sacrificio, la coherencia y la templanza, la resiliencia … y, sobre todo, calidad humana. Algo que no negociaba.

Nos enseñó a hacer las cosas bien y sino, que no se hagan, a respetar la palabra, a ser gente de bien.

Era un hombre de pocas palabras… pero certeras. De una corrección inquebrantable. Procesaba y luego hablaba.

No necesitaba decir mucho para enseñarte.

Con estar, con acompañar, con una mirada o una simple palabra, ya sabías perfectamente qué esperaba de vos.

Te daba confianza y seguridad. Te dejaba equivocarte, para que puedas aprender.

Te marcaba el camino desde el ejemplo, desde el hábito, desde la presencia. Simplemente te motivaba a seguir superándote.

Fue una persona profundamente respetada, algo que generaba naturalmente por su forma de ser.

Podía sentarse a tomar un mate o comer en los pasillos de Palermo, en la manga, junto con su equipo o con cualquier peón, como también podía compartir una mesa con quien fuera. Eso sí, Disfrutaba siempre más de su equipo y su familia.

Tenía esa grandeza: la sencillez, los modales, los códigos y los límites claros.

Nunca le interesaron las luces ni el protagonismo.

Siempre trabajó desde atrás, en silencio, a su manera.

Pero siempre pensando lo que se viene y construyendo.

También fue un hombre de fe.

Bien católico, bien familiar.

Y junto a mi abuela, Inés Romero, construyeron no solo una familia, sino una forma de vivir.

Nos dejó también sus dos pasiones: el campo y Cariló.

El campo no era solo su trabajo, era su vida. Cariló era su casa, su paraíso, su lugar de descanso.

La ganadería, la cabaña, el mejoramiento genético… eran parte de su esencia.

Y esa pasión logró transmitirla.

Hoy muchos de sus hijas, nietos y seguro bisnietos la llevamos adentro, casi sin darnos cuenta, como algo natural que viene de él. El amor por las vacas, Cariló y el campo.

Disfrutaba profundamente de lo simple.

De una recorrida a campo, de ver terneros, de entusiasmarse con nuevos padres, de imaginar lo que venía. Siempre pensando y desarrollando.

Siempre con esperanza… y con el orgullo de saber que su familia lleva 147 años criando Angus.

Pero más que el pasado, los años, lo que realmente lo llenaba era ver que ese legado continuaba.

Que lo que él había construido, seguía vivo en todos nosotros.

Palermo era una parada obligatoria.

Es tradición, es encuentro, es orgullo del trabajo bien hecho.

Verlo ahí, vivir cada exposición, cada animal, emocionarse en cada premio… nos marcó a todos.

Hoy, ver la tribuna de Palermo es verlo a él sentado desde temprano.

Pero si hay algo que realmente define su legado, es la familia.

Siete hijas, veintinueve nietos, diecinueve bisnietos…

Una familia enorme que nace de él, de sus valores, de su forma de vivir.

Eso no es casualidad. Es causalidad. Eso es obra de una vida bien vivida.

Gracias por todo lo que nos diste.

Por el camino que marcaste.

Por la pasión que sembraste.

Y por la familia que construiste.

Su legado continúa…

Ese fue mi abuelo, Don Carlos Guerrero.



Carlos “Pepe” Pestalardo Guerrero.


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