Juan Carlos Aguirre: una vida al servicio del Angus

En julio pasado, en Azul, a los 81 años, falleció quien entre 1975 y 2025, fue inspector de la Asociación, dejando un legado que trasciende ampliamente su labor profesional. Su amigo personal, Juan Carlos Risueño, de Cabaña Nuevo Roble, así lo recordó.

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Juan Carlos Aguirre fue el inspector de toda la vida. Durante décadas estuvo ligado a la historia de nuestra cabaña, Nuevo Roble, y al remate de Criadores de Colorado. Primero trató con mi padre y después conmigo. Salvo algunas excepciones, fue él quien vino cada año a realizar los controles de Angus en el establecimiento.

Nuestra relación coincide con los 50 años de trayectoria del remate. La primera edición se realizó en 1975 y los 2 primeros encierres estuvieron a cargo de su padre, don Marcos Aguirre. Después de su muerte, Juan Carlos continuó esa tarea. Desde entonces, y durante unos 40 años, fue quien hacía los encierres, que establecían el orden de venta de los animales.

Se hacía como si fuera la jura de una exposición: Juan ordenaba desde el primer toro hasta la última ternera. Su decisión era palabra santa. Podía haber opiniones diferentes, como sucede con cualquier fallo, pero todos respetaban su criterio y nadie discutía el resultado. Esa autoridad fue muy importante para que varias cabañas pudiéramos sostener un remate conjunto, durante tantos años, sin roces por el orden de venta.

Recorrió miles de kilómetros visitando establecimientos, cabañas y rodeos en todo el país, acompañando a generaciones de criadores con la seriedad, el conocimiento y la ética que siempre caracterizaron su trabajo. Su mirada técnica, su criterio profesional y su permanente disposición para orientar a los productores contribuyeron al fortalecimiento de los programas de registros y al crecimiento de la calidad genética de la raza Angus.

Juan era un hombre muy conocedor, serio y recto. También fue jefe de Inspectores Angus durante muchos años y, entre sus colegas, era una referencia y un profesional que supo ganarse el respeto y el afecto de innumerables socios y criadores, quienes durante décadas confiaron en su experiencia y valoraron su trato cercano.

Tenía un criterio firme y esperaba de los criadores la misma responsabilidad. Si llegaba a un campo a la hora acordada y la hacienda no estaba preparada, podía irse y pedir que volvieran a llamarlo cuando todo estuviera en condiciones.

Su tarea, sin embargo, no se limitaba a aprobar o rechazar animales. En cada control explicaba con claridad por qué un ejemplar no debía marcarse: podía ser por su desplazamiento, por el color o por alguna característica que no respondía al tipo racial buscado. Esas observaciones nos permitían corregir la selección y evitar que ciertos defectos se repitieran en el rodeo. Con sus consejos, año tras año, ayudó a que Nuevo Roble creciera y mejorara.

Su legado no se limita a los logros técnicos. Quienes compartimos jornadas de trabajo con él recordamos, ante todo, a una persona íntegra, cordial y profundamente humana.



¡Hasta siempre, Juan!



Juan Carlos Risueño

Cabaña Nuevo Roble

Huanguelén (BA).

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