“Necesito levantarme cada mañana con algo por hacer”
Lo dijo Carlos Curti, fundador de cabaña El Pretal, quien llevó por última vez animales a Palermo. En diálogo con Revista Angus, repasó su trayectoria como criador, amante de la raza y dirigente de la Asociación.
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Carlos Curti (90) estuvo en la Exposición Rural de Palermo por última vez con animales de su cabaña El Pretal, de Verónica (Punta Indio, BA), recientemente vendida. Su paso de este año por La Rural, fue una oportunidad para conocer su trayectoria, que lo llevó a Angus desde un ámbito tan distinto como la industria y el comercio del acero.
Porteño del sur de CABA, se abrió camino como empleado, comerciante y empresario, antes de transformar una temprana fascinación por el campo en El Pretal, una cabaña que alcanzó reconocimiento por su genética, sus premios y su vocación innovadora.
¿Cómo fueron tus primeros años?
Nací y crecí en la zona de Villa Soldati, en el sur de la Capital. Cursé la escuela secundaria comercial y me recibí de Perito Mercantil. Terminé los estudios en el turno nocturno, porque durante el día trabajaba. A los 15 años, ingresé en una fábrica militar de acero, como empleado administrativo.
¿Allí comenzó tu vínculo con la industria del acero?
Sí. En esa fábrica conocí el sector y observé cómo se desarrollaba la actividad comercial. Luego, junto con otros socios, empezamos a comprar remanentes y distintos productos de acero para revenderlos. Primero trabajamos con volúmenes pequeños y luego nos ampliamos hasta formar una distribuidora.
Con los años, la empresa comenzó a comercializar productos de distintas compañías siderúrgicas. Curti se separó luego de su socio y la firma original fue vendida, pero él nunca abandonó el sector: aun después de dedicar buena parte de su tiempo al campo, continuó vinculado con la distribución de acero.
¿Qué similtudes encontrás entre tu trayectoria empresarial industrial y tu actividad ganadera?
En ambos casos siempre busqué hacer algo nuevo y avanzar un poco más. Esa inquietud me llevó a pasar de empleado a empresario, y después a desarrollar una cabaña, incorporar genética, impulsar tecnologías reproductivas y promover proyectos institucionales. Necesito levantarme cada mañana con algo por hacer; esa ha sido mi forma de vivir.

En su última ida a Palermo con El Pretal, Curti llevó 2 terneras de su histórica cabaña.
Una vocación infantil
¿Cómo te vinculaste con la ganadería?
No soy hijo de productores agropecuarios, pero desde muy chico pasaba las vacaciones en el campo de unos primos, en Verónica. Entre los 5 o 6 años y la adolescencia hice allí una verdadera vida de campo. Esa experiencia me marcó y, cuando pude, compré un establecimiento y empecé a incorporar vacas porque era algo que siempre me había gustado.
Durante muchos años, Curti mantuvo en paralelo las dos actividades. La empresa distribuidora de acero era su ocupación principal, mientras la ganadería crecía como un proyecto personal que pronto adquiriría una escala y una identidad propias.
¿Cuándo se formó El Pretal?
El proyecto fue tomando forma entre las décadas de 1970 y 1980, pero formalmente, la cabaña se inició el 29 de abril de 1985. Al principio, compré animales puros por cruza y genética de distintas cabañas argentinas, en algunos casos en Palermo, entre ellas las de las familias Busquet, Gilardi y Firpo, cuando consideraba que se trataba de animales prometedores. También comercializaba semen y luego buscaba socios o vendía esos reproductores
MIentras Carlos seguía con su entusiasmo por los Angus, en su campo de Verónica, con El Pretal, en 1976, armó un laboratorio y un centro de inseminación, en una época en que “la inseminación artificial todavía generaba resistencias en algunos sectores, porque existía el temor de que redujera la venta de toros”, explicó.
A tal punto estaba involucrado con esta técnica que “en 1972, junto con veterinarios y otros profesionales, impulsamos una entidad que representara al sector”. Así nació la Cámara Argentina de Inseminación Artificial, de la que fue su primer presidente. “Hubo muchas gestiones ante organismos públicos, la Sociedad Rural Argentina y las asociaciones de criadores, para conseguir la personería jurídica. Acepté porque quienes me acompañaban temían que, si yo me apartaba, el proyecto volviera a frenarse”, dado que otros intentos previos no había sido exitosos".
Buscar dónde sea
Siempre en la búsqueda de mejor genética Angus para El Pretal, Curti viajó a EE. UU. “Sentía que los nuevos criadores no siempre accedíamos a la mejor genética disponible. Por eso decidí viajar a Estados Unidos para buscarla directamente. En 1986, regresé en un vuelo chárter con 33 vacas y 2 toros”, recuerda.
Y agrega que “esa importación fue decisiva para el desarrollo de la cabaña. A partir de allí comenzamos un trabajo más intenso de selección, inseminación artificial y difusión genética”.
También en la década de 1980, Curti se involucró en una nueva tecnología. “Desarrollamos un centro de trasplante embrionario junto con el veterinario Carlos Munar, quien tenía a su cargo la parte técnica. Llegamos a tener uno de los centros más importantes de Sudamérica. Comercializábamos embriones y también vacas preñadas, lo que permitió multiplicar y difundir con rapidez la genética de la cabaña".
Pero aún antes de constituirse formalmente como cabaña, El Pretal ya se presentaba en Palermo. “La primera vez que nos presentamos en Palermo fue en 1976, con un grupo de productores. Ganamos el Gran Campeón Macho.
Con el tiempo, la cabaña llegó a ubicarse entre las más reconocidas”, dice Carlos y agrega: “Al provenir del mundo industrial era, en cierto sentido, un recién llegado a un ambiente muy tradicional. Eso generó algunas resistencias y una competencia intensa, aunque también construimos relaciones de respeto y amistad con muchos criadores”, recuerda.
Premios propios y ajenos
El Pretal ganó campeonatos en Palermo y en otras exposiciones pero “también obtuvieron grandes resultados quienes compraron nuestra genética. Siempre fui partidario de vender animales buenos y de compartir el trabajo realizado. Gilardi obtuvo un Gran Campeón con un animal adquirido en El Pretal, y Jorge Felice también logró grandes premios. A Felice le armé la cabaña Los Abuelos, que, en sus comienzos, estuvo basada íntegramente en genética nuestra”.
La difusión alcanzada por el programa genético de El Pretal se convirtió en una señal de prestigio. “Hubo una época en la que se decía que quien quería competir con buenas posibilidades podía ir a nuestros remates”, recuerda Curti. Más allá de la frase, El Pretal había logrado que sus líneas produjeran animales destacados y grandes campeones en diferentes establecimientos.
A propósito de premios, Curti recuerda que una de las más importantes actuaciones de El Pretal fue en una exposición Angus en Pergamino (BA). “Fuimos con 5 animales y obtuvimos 4 primeros premios: Gran Campeón y Reservado Gran Campeón, tanto en machos como en hembras. Fue una actuación excepcional, de esas que quedan para siempre en la memoria”.
¿Cómo viviste tu última participación en Palermo?
Fue una participación especial. Llegamos con 2 terneras, aunque originalmente pensábamos presentar más animales. También teníamos un ternero muy importante que sufrió un accidente y una infección pocos días antes, por lo que no pudo viajar. La falta de personal fue otro de los problemas para preparar y presentar el conjunto como hubiéramos querido.
El campo y las instalaciones de El Pretal fueron vendidos, aunque Curti todavía conservaba los animales de cabaña. El nuevo propietario le propuso colaborar en la organización de un proyecto ganadero propio. Para Curti, se trata del cierre de una etapa, pero no necesariamente del final de su relación con la actividad.
Más abierta y federal
Hacia fines de la década de 1980, Curti inició su participación en la vida institucional de la Asociación. “Integré un grupo de criadores que buscaba una asociación más abierta y participativa. Fui presidente de la Agrupación Federal de Criadores de Angus, formada en 1987, por productores que querían tener mayor representación en las decisiones de la raza. Éramos una corriente distinta de la conducción tradicional: pensábamos de otra manera y defendíamos la necesidad de democratizar la institución, enfatizó."
¿Cómo se incorporaron esas ideas a la conducción de la Asociación?
La Agrupación Federal y Unidad Angus, que encabezaba Juan Carlos Gutiérrez, presentó listas. Finalmente se avanzó hacia la unión de ambos espacios. Ingresé primero como director suplente y, en la primera reunión, Gutiérrez propuso que tuviera voz y voto. Después fui director titular durante dos períodos. Había diferencias, pero también una competencia sana y respeto personal.
¿Qué cambió en la Asocición a partir de aquel proceso?
Muchas de las ideas que defendíamos terminaron integrándose a la vida de la Asociación. Buscábamos una conducción más abierta, con mayor participación de los criadores y espacio para distintas miradas. Las personas fueron cambiando, pero varias de aquellas discusiones continúan presentes.
¿Llegaste a presidir la Asociación?
No. Participé como dirigente y trabajé para impulsar cambios, pero no llegué a presidirla. Mi papel estuvo más relacionado con promover proyectos, abrir espacios y dar las discusiones que consideraba necesarias.
Toda una vida en Angus
Después de tantos años, ¿cómo evaluás tu paso por la raza y la Asociación?
Lo principal es la raza. Angus tiene una enorme capacidad productiva y una carne de gran calidad. No tengo nada en contra de la Asociación. Como en cualquier institución, las personas pueden equivocarse y en algunos momentos hubo diferencias o discusiones, pero eso forma parte de la vida institucional. Cuando hago el balance, me quedo con la raza, los proyectos realizados, la competencia y las amistades construidas.
Curti sintetiza su recorrido como “una vida de trabajo entre dos mundos: la industria del acero y la ganadería”. En Angus, señala, procuró incorporar tecnología, ampliar el acceso a la genética y promover instituciones más abiertas. También compitió con criadores que, con el tiempo, se convirtieron en amigos. “Hoy veo que las nuevas generaciones continúan muchas de aquellas discusiones y proyectos, y eso forma parte del legado de esa etapa”, concluye.
Pionero de la Carne Angus Certificada
Para Curti, el Programa Carne Angus Certificada ayudó a posicionar la marca Angus más allá de la venta de reproductores.
En la década de 1990, mientras integraba la Comisión Directiva de la Asociación, Carlos Curti encabezó la comisión que inició el programa Carne Angus Certificada. La iniciativa tomó como referencia una experiencia estadounidense, pero necesitó adaptación, discusiones internas y una sostenida tarea de promoción para convertirse en una herramienta central de la raza.
Curti recuerda que “durante un foro de la raza realizado en la Argentina, representantes estadounidenses explicaron, cómo funcionaba su programa de carne certificada, idea que me interesó de inmediato”.
“Le propuse a Jorge Fulone, un criador con fuertes vínculos con Estados Unidos, que consiguiéramos el reglamento y toda la documentación del programa. Ese material fue traducido y adaptado a la realidad argentina. Jorge Felice también participó activamente. A partir de allí, formamos una comisión dentro de Angus, que me tocó presidir, y comenzamos a trabajar en las normas, los controles y la implementación. El mérito estuvo en advertir su potencial, reunir a las personas necesarias y sostener el proyecto hasta hacerlo realidad”, recuerda Curti.
¿Hubo resistencias?
Sí, como ocurre muchas veces con las iniciativas nuevas. Había diferencias sobre quién debía conducir el proyecto, cómo otorgar las licencias y de qué manera organizar la promoción y la comercialización. Fue necesario discutir mucho y defender el reglamento para que el programa mantuviera los objetivos para los que había sido concebido.
El programa se puso en marcha en 1994. Después comenzó una etapa de consolidación y promoción comercial. “Pío Firpo tuvo un papel importante en la gestión cotidiana, especialmente en la difusión y en la vinculación con los compradores”, recuerda Curti, y agrega: “Aproveché distintos viajes para visitar frigoríficos y conversar con operadores en Europa, especialmente en Alemania e Italia. Buscábamos explicar el programa, conocer las exigencias de los mercados y abrir oportunidades. Más adelante se concretaron exportaciones, incluso a Estados Unidos".
Curti destacó que “con el tiempo, el programa adquirió vida propia y se convirtió en una herramienta importante para la raza. Permitió diferenciar la carne, ordenar estándares, agregar valor y dar mayor visibilidad a Angus. Lo fundamental fue haber tomado una idea que funcionaba en otro país y haberla adaptado con decisión a la realidad argentina. Fue un trabajo que ayudó a posicionar la marca Angus más allá de la venta de reproductores”.


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